Temas de Cana 2023-2024: El Bautismo, Su Pascua en nosotros

Dedicamos este año a estudiar el bautismo. ¿Por qué este tema ahora?

Lo pide la situación de la sociedad y de la Iglesia. Vivimos una crisis social de lo humano, en medio de una creciente secularización. ¿En qué consiste esta crisis de lo humano?

Por un lado, observamos una tendencia a reducir lo humano a lo animal. El hombre sería incluso un animal nocivo, pues pone en peligro el planeta. Muchos niños saldrán de las escuelas con un complejo nuevo: complejo de ser personas.
Por otro lado, hay otra amenaza que mira, no al animal, sino a la máquina.

Se habla de un hombre nuevo o post-hombre. Será un ser humano diferente, potenciado por la electrónica y por las redes sociales. ¿Qué significarán en este nuevo entorno las clásicas prerrogativas humanas, como ser inteligente o ser libre?

De este modo, vemos que lo humano está amenazado, no porque desaparece, sino porque se diluye en lo animal y en lo maquinal. Si toda vida animal es digna, pierde peso la dignidad humana. Si el ChatGPT es inteligente, se deprecia la inteligencia personal.

Esta confusión llega también a la Iglesia, la cual, sin ser del mundo, vive en el mundo. Y muchos cristianos se preguntan: ¿no está anticuada la visión cristiana? ¿sigue siendo el Evangelio la guía para ser plenamente hombres? ¿no evolucionan los tiempos abriendo posibilidades inéditas, que Jesús no pudo haber previsto?

Nos preguntamos cómo vivir estas novedades. No basta enfrentarse a ellas, responder a sus equívocos. El cristiano no necesita vivir del enfrentamiento, porque tiene al alcance una fuente de vida, un surtidor de lo humano. En tiempos de persecución, podemos decir, siguiendo a san Ignacio de Antioquía, que la fe no se limita a rebatir los ataques, sino que vence mostrando su propia grandeza vital.

El Evangelio es la única forma en que lo humano puede llegar a plenitud. Es necesario experimentar de nuevo la grandeza y belleza de vida que nos trae Cristo.

Aquí es donde entra el bautismo, porque el bautismo es el contacto de la vida de Cristo con la vida de cada hombre, donde Jesús nos comunica su forma de vivir lo humano. Como dice un antiguo escritor cristiano: al bautizarnos nos convertimos por fin en seres humanos completos y perfectos

Distribución de los temas por meses

Tema 1. Nacer de nuevo: el Bautismo es tu manantial

1- ¿Qué descansos encuentro en mi vida? ¿Qué significa ver en mi esposo o esposa, en mis hijos, en mi trabajo, en mis amigos una cisterna o un manantial? ¿Cómo nos ayuda el bautismo a cambiar nuestra mirada?
2- ¿Qué prácticas pueden ayudarnos a mirar a nuestra vida desde la lógica de dones y frutos? ¿Cómo cambia esta mirada del don al fruto nuestra forma de descansar juntos, de celebrar juntos, de emprender juntos una misión, de perdonarnos, de educar a nuestros hijos?
3- ¿Qué formas podemos proponer para adorar juntos como familia, y como Familias de Betania, reconociendo así la fuente que brota cuando compartimos nuestra vida? ¿Cómo podemos participar mejor como equipo en los retiros mensuales?
4- El manantial se estanca si no fluye: ¿qué misión matrimonial y familiar en Familias de Betania permite que nuestro manantial mane para otros?

Práctica familiar

Para este mes proponemos renovar dos prácticas de oración.
Por la noche el memorare. Basta que sea breve, puede durar incluso dos minutos. Recordemos sus tres pasos sencillos: mirada a lo alto, mirada atrás, mirada adelante. Repasémoslos: a) mirada a Dios agradeciendo sus dones; b) mirada al día de hoy para ver cómo he colaborado con estos dones confiados por Dios; c) mirada al día de mañana imaginándolo y viendo cómo voy a dar más fruto.
Por la mañana el ofrecimiento de obras. Podemos decir el del “Apostolado de la oración” (copiado abajo). Tiene la ventaja de que no empieza por lo que nosotros damos a Dios. La primera petición del día es: “ven para que podamos ofrecernos”. Y solamente después, cuando el Espíritu nos inflama, añadimos: “me consagro a tu Corazón”. Así el día no empieza por nuestro don a Dios, empieza por el don que Dios nos hace a nosotros. Y nos consagramos a su corazón para que esa semilla que Él ha plantado crezca hacia Él llena de fruto.

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