Consolar al triste

Reseñas del retiro espiritual del pasado día 5 de mayo dirigido por el P. Juan Dios Larrú

 

Cada uno de nosotros somos el signo que Dios quiere

Hoy domingo de Resurrección, Jesús nos invita a ascender con El.

“Estuve desnudo y me vestiste”.

Jesús está desnudo, se ha despojado de su rango y en la Cruz está desnudo.

¿Cuándo estuviste desnudo?

¿Cómo ejercer esta obra de misericordia? Empezamos vistiendo a los niños pequeños, les enseñamos a vestirse, hay una educación. En el bautismo se recibe la vestidura blanca y a los padres ese acto nos obliga conservar ese vestido que es del Espíritu Santo. Hay que conservarlo siempre, pero lo manchamos, por lo que es necesaria una permanente purificación. El niño aprendiendo a cuidar el vestido aprende a cuidar las relaciones.

Jesús viene a vestirnos con sus virtudes, para que nos hagamos virtuosos. Hay que adquirir el gusto de vestir bien descubriendo una armonía, no ir como un adefesio. Educarse en el sentido del gusto a vestir bien, descubriendo la belleza y la armonía del mundo y de las relaciones.

Hay que descubrir los diferentes grados de la belleza, mirando a las personas con una mirada de comunión que reconoce una presencia. Después del pecado la mirada se transformó haciéndose concupiscente, una mirada que desnuda que reduce la realidad, aunque aparentemente dé la sensación de que nos la abre.

Por lo tanto hay que aprender a mirar al otro como persona, introduciéndose en la virtud de la castidad. Ayudar a vestir es una obra de misericordia porque nos ayuda a mirar al otro.

“Consolar al triste”

En Is 63,13, “.. Como a un niño a quien su madre consuela, así os consolare yo ..”

Una madre consuela al hijo porque el amor es el que la lleva a consolar. De la misma manera Dios nos viene a consolar en nuestras preocupaciones y desgracias, y nos invita a consolar a otros.

Todo hombre conoce la tristeza, hay varios tipos de tristeza, para poder consolar hay primero que reconocerla, en muchas ocasiones desconocemos que le pasa al que está triste.

Santo Tomás Moro, en su libro “La agonía de Cristo”, nos dice que en el Huerto de los Olivos Jesucristo es consolado allí por su Padre. + Acceder al documento

San Ignacio de Loyola en sus Ejercicios Espirituales nos ayuda a distinguir entre desolaciones y consolaciones. La consolación es “una inflamación del corazón”.

La alegría es un don del Espíritu Santo. Hay que fomentar la alegría en la familia, porque también en la familia lloraremos juntos.

Hay que aprender a gozar de la alegría del Resucitado. La sociedad actual no consigue fomentar la alegría en un mundo gris, no sabe vivir la alegría.

C.S. Lewis en su libro “Cautivado por la alegría” nos cuenta su conversión del ateísmo al cristianismo a través de un largo camino: desde los juegos de la infancia a las emociones de la adolescencia, al comienzo de la madurez, sus experiencias en la primera guerra mundial, como profesor en la Universidad de Oxford, “ .. Me llevaban a Whipsnade una mañana soleada. Cuando salimos no creía que Jesucristo era el hijo de Dios y cuando llegamos al zoológico si, sin embargo no me había pasado todo el camino sumido en pensamientos, ni en una gran inquietud. ….. era más parecido a cuando un hombre, después de dormir mucho, se queda en la cama inmóvil, dándose cuenta que ya está despierto … ”

Que la Virgen sea la causa de nuestra alegría, para comunicarle al triste la consolación de Dios.

El Santo Padre Pablo VI nos escribió la Exhortación Apostólica “Gaudete in Domino” sobre “La alegría cristiana”, en ella nos dirá “ .. de esta manera el hombre experimenta la alegría cuando se halla en armonía con la naturaleza y sobre todo la experimenta en el encuentro, la participación y la comunión con los demás ..” + Acceder al documento

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