Salmos

Retiro Espiritual del 17 de enero de 2016

El retiro ha sido dirigido por el P. Luis Sánchez DCJM y la meditación ha girado sobre el Salmo nº 5, que nos relaciona con el Rey David y dice así

Salmo 5
Oración matutina
1 Al Director. Para flautas. Salmo de David.
2 Señor, escucha mis palabras, atiende mis gemidos,
3 haz caso de mis gritos de auxilio, Rey mío y Dios mío.
A ti te suplico, Señor. 4 Por la mañana escucharás mi voz,
por la mañana te expongo mi causa,
y me quedo aguardando.
5 Tú no eres un Dios que ama la maldad,
ni el malvado es tu huésped,
6 ni el arrogante se mantiene en tu presencia.
Detestas a los malhechores, 7 destruyes a los mentirosos;
al hombre sanguinario y traicionero lo aborrece el Señor.
8 Pero yo, por tu gran bondad, entraré en tu casas,
me postraré ante tu templo santo en tu temor.
9 Señor, guíame con tu justicia, porque tengo enemigos;
alláname el camino.
10 En su boca no hay sinceridad, su corazón es perverso;
su garganta es un sepulcro abierto,
mientras halagan con la lengua.
11 Castígalos, oh Dios, que fracasen sus planes;
expúlsalos por sus muchos crímenes,
porque se han rebelado contra ti.
12 Que se alegren los que se acogen a ti, con júbilo eterno;
protégelos, para que se llenen de gozo
los que aman tu nombre.
13 Porque tú, Señor, bendices al justo,
y como un escudo lo rodea tu favor.

Los salmos son la oración que Dios nos ha inspirado para que le recemos, son una síntesis de toda la Sagrada Escritura, y en ellos aparece prefigurado Jesús, que rezaba con los salmos, por lo tanto los salmos nos meten en el corazón de la Iglesia.

El Salmo nº 5 es una oración para un momento de dificultad (2), quizás fue el momento en el que David que todavía no era rey, es perseguido por el Rey Saúl que quería matarlo.

Es una oración matutina (1 y 4), el salmista es un hombre que sufre (2) y que pide auxilio al Señor (3), pero que vive el sufrimiento a la luz de Dios, un Dios cercano, aunque a veces nos parezca que está lejos. Visto bajo esa perspectiva los sufrimientos nos ayudan a coger consistencia y contribuyen a purificar nuestro corazón, a pesar de las dificultades seguimos amando a Dios. Hay que aprender a vivir nuestros sufrimientos, no quedarnos con ellos interiormente para que nos reconcoman, sino dirigirlos a Dios.

El salmista expone su causa y espera (4), le acompaña la esperanza porque sabe que el Señor escucha su voz y sabe cómo es el corazón del Señor.

A continuación el salmista define como el Señor no quiere saber de los malvados (5 ). Jesús se acerca a los malvados, pero como médico que quiere transformarlos en justos, pues el malvado no puede entrar a la presencia de Dios con su maldad, tiene que convertirse. El salmista se refiere al Decálogo (6 y 7), Dios es incompatible con el pecado, con la maldad.

Podemos pedirle al Señor que destruya en nosotros el mal, el pecado y  todo lo que Dios aborrece.

El salmista sabe y ama la bondad del Señor, gracias a ella y no a nuestra bondad se nos permitirá entrar en la casa del Señor (8).

Aunque el enemigo diga cosas bonitas su corazón es perverso (10). Tenemos que rezar como si fuésemos nosotros el enemigo, Jesús nos lo recordó al decirnos que no debemos ver la paja en el ojo del hermano sin ver la viga que tenemos en nuestro ojo.

El salmista pide al Señor el castigo para los malvados (11), castigarlos en cuanto pecadores, para que se conviertan. Para convertirse es necesario el castigo que nos regenera por dentro.

La oración es fuente de honda alegría (12) ya que Dios ama y protege a los que le aman, protege al justo ya que le rodea la gracia del Señor.

Si se mira en su conjunto este salmo podremos advertir que se ha producido un cambio en nuestro interior, partiendo de un momento de dificultad llegamos a un momento de alegría.

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